Pocas prendas caminan por la línea entre función y elegancia como la gabardina. Hoy es el remate de un conjunto bien pensado, tanto si vas al centro de la ciudad como si escapas al campo. Pero su historia no empieza en las aceras de Londres, sino en plena vida militar del siglo XIX.
Aunque suele asociarse a la Primera Guerra Mundial, las raíces de la gabardina se remontan a principios del siglo XIX, cuando las prendas de abrigo para los soldados empezaron a evolucionar más allá de los pesados capotes de lana. Los primeros abrigos impermeables hechos con tejidos cauchutados fueron un paso adelante, aunque distaban de ser perfectos: retenían el calor, tenían un olor extraño e incluso se derretían al sol.

Fuente: Hulton-Deutsch Collection // Soldados británicos con gabardina, 1914

Fuente: Naval Historical Center // El teniente general Omar Bradley y el general de división J. Lawton Collin, 1944
La necesidad de prendas de abrigo prácticas y resistentes al tiempo impulsó la innovación en la fabricación de tejidos. A mediados del siglo XIX surgieron nuevos algodones de trama cerrada: resistentes, transpirables y repelentes al agua. Ese desarrollo del tejido sentó las bases de la silueta clásica de la gabardina que conocemos hoy.
De las trincheras a la ciudad
La gabardina tal y como la reconocemos nació durante la Primera Guerra Mundial. Los oficiales necesitaban algo más ligero, más móvil y mejor adaptado al tiempo imprevisible que los voluminosos abrigos de lana de antes. Lo que surgió fue un abrigo de nuevo tipo: lo bastante largo para proteger de la lluvia y del barro, lo bastante corto para moverse con facilidad y lleno de detalles de diseño prácticos.
La tapeta antitormenta del hombro ayudaba a que el agua resbalara y aportaba ventilación. Las anillas en D del cinturón servían para enganchar equipo. Las mangas raglán daban más libertad. Todo tenía un propósito: nada era puramente decorativo.
Cuando terminó la guerra, muchos oficiales volvieron a casa con su gabardina puesta. Con el tiempo, lo que empezó como uniforme militar se convirtió en un básico civil. Se abrió paso en la vida urbana y en la cultura popular, y fue perdiendo discretamente su filo marcial hasta volverse símbolo de elegancia, practicidad y estilo británico discreto.
Fuente: A Foreign Affair // Marlene Dietrich, 1948
¿Qué hace que una gabardina sea una gabardina?
Una gabardina bien cortada se define por varios rasgos clásicos:
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Delantero cruzado con 6-10 botones
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Solapas anchas
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Tapeta antitormenta en el pecho
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Cinturón en la cintura con hebilla o para atar
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Puños ajustables
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Bolsillos profundos y en ángulo
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Algodón resistente al agua
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Mangas raglán
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Normalmente hasta la rodilla o más largo
La belleza de la gabardina está en su equilibrio: estructurada pero sin apretar, elegante pero sin rigidez. Se lleve sobre sastrería o sobre algo más informal, aporta a quien la viste una confianza serena.
La Darcy: el clásico moderno de Gloverall
Inspirada en el diseño militar de los primeros tiempos, la gabardina Darcy ofrece una interpretación moderna de este modelo atemporal. Con líneas limpias y detalles meditados (bolsillos delanteros en ángulo, una abertura trasera que facilita el movimiento y un cinturón que marca la silueta), es una prenda hecha para el día a día.
Confeccionada en una mezcla de algodón y poliéster con acabado impermeable, es ideal para el tiempo de entretiempo. Ligera, fácil de superponer y de una elegancia discreta, la Darcy está tan a gusto en un paseo por el campo como sorteando la hora punta.
A la Darcy la acompañan en la gama la gabardina Raleigh de hombre, una interpretación clásica en azul marino para hombre, y la gabardina corta Bacall de mujer, que lleva el mismo carácter a una silueta más corta.
Las gabardinas que hace Gloverall hoy están en la colección de gabardinas.
