Londres. Una ciudad de comienzos. De industria e invención, de sastres y comerciantes, donde la herencia y el estilo siempre han ido de la mano. Es donde muchas grandes marcas británicas encontraron su sitio y, para Gloverall, es donde empezó nuestra historia.
Nuestras raíces se remontan a principios de los años cincuenta, en Cricklewood, al noroeste de Londres, donde Harold y Freda Morris arrancaron con una visión: confeccionar ropa práctica y honesta con los mejores materiales que Gran Bretaña podía ofrecer. El momento no era fácil: la Gran Bretaña de posguerra andaba escasa de mano de obra y todavía más escasa de paño. Pero el empeño y el ingenio llegan lejos y, a mediados de los cincuenta, nuestras trencas habían empezado a captar la atención de civiles que buscaban calidad, abrigo y un diseño atemporal.
A medida que crecía la demanda, la producción se adentró más en la capital: primero a Hackney, después a Tottenham y más tarde a Carter Lane, en la City de Londres, donde un viejo edificio previctoriano se convirtió en el corazón de una operación en crecimiento. Cada puntada, cada alamar y cada panel se hacían cerca de casa, lo que permitía un nivel de supervisión y de oficio que puso los cimientos de la reputación de Gloverall.
Pero el crecimiento trae sus propios retos. Para 1960, la demanda superaba al espacio. Una política del gobierno de entonces complicaba seguir creciendo en Londres, así que, con una ambición callada, nos mudamos al norte y nos instalamos en una nueva casa en Wellingborough, Northamptonshire.

El vínculo con Londres, sin embargo, nunca se apagó. A principios de los noventa, un panorama de fabricación cambiante en Wellingborough nos llevó de vuelta a la capital, esta vez a Elthorne Gate, en Pinner, en busca de los oficios y de las manos que siempre habían ayudado a dar forma a nuestros abrigos. Fue un regreso, y no solo geográfico, sino al espíritu de lo que hacía funcionar a la marca: oficio, calidad y comunidad.
Todavía hoy, muchos de los mejores abrigueros de Gloverall aprendieron su oficio en los talleres de Londres, y esa influencia sigue corriendo por nuestras costuras. La estética utilitaria de posguerra de la ciudad, su énfasis en el diseño honesto y su fama de innovar en silencio han dejado su marca en la trenca de Gloverall.
Hoy nuestra historia continúa desde Earls Barton, Northamptonshire, a un paso de Wellingborough. Es donde vive ahora nuestro almacén y donde la tradición se encuentra cada día con la sastrería moderna. Aunque ya no tenemos una tienda insignia en Londres, nuestras piezas se siguen encontrando en las mejores tiendas y boutiques de la ciudad, lo que mantiene viva la conexión.
Siempre hemos creído en hacer una cosa bien: confeccionar ropa de abrigo que dure. De la trenca original a siluetas más contemporáneas, nuestro objetivo ha seguido siendo el mismo: crear prendas con carácter, construidas para la vida real y hechas para durar.
Londres fue donde empezó todo, donde el corte, el paño y el carácter de Gloverall tomaron forma por primera vez. Y aunque desde entonces hemos echado raíces en el corazón de Northamptonshire, la influencia de la ciudad sigue tejida en todo lo que hacemos.